domingo, 26 de diciembre de 2010

Epistrofia 2

Estoy frente a la casa con el número 1119, donde antes entro la mujer con la que siempre he fornicado en sueños y me doy cuenta que está anocheciendo muy rápido, antes de subir al taxi aún había luz diurna, ahora las luces de la calle están encendidas. Subo los escalones y llego hasta la puerta, hundo el dedo en el timbre, suena dos veces. Alguien acude a la puerta, ésta se abre, es una mujer, no la misma mujer, otra, con más años pero físicamente muy parecida, pienso en que puede ser hermana de la otra mujer, la mujer uno, pero parece muy servicial como si se encargara del cuidado de la casa, me hace pasar y me trata como si fuera una visita anunciada. Me lleva a una sala y me siento en un pequeño sillón, me dice que espere y se va. El lugar está lleno de muebles que parecen decorativos, como si nunca se usasen, el techo es alto  y con una lámpara oval enorme que cuelga de un cable  como si fuera un capullo iluminando todo el lugar, la luz banca cae sobre la cubierta sintética de los sillones de un azul índigo, sobre las cortinas aterciopeladas de un celeste chillón y sobre el parqué  que da la impresión de estar recién encerado. Cuando termino de darme cuenta de todo esto aparece la mujer uno, vestida con un blusón como el de las mujeres embarazadas, me levanto del asiento, no lleva ropa interior, no puedo dejar de notarlo mientras se acerca a mí, se detiene un metro antes de llegar a donde estoy, me extiendo la mano y me dice “que bueno que llegaste, te he estado esperando”  se sienta frente a mí, la miro sorprendido, “cómo puede estarme esperando sino nos conocemos” le digo, pero parece no entender lo que le digo.  “Nos conocimos”, me dice “nos conocimos hace tiempo”,  “hace un momento, por la tarde, frente a esta casa…” le digo, un poco nervioso,  y cuando estoy a punto de decir algo más  ella me corta, “no, nos conocimos hace mucho más tiempo” y se levanta de donde está sentada y camina hasta quedar a unos centímetros de mí, yo sigo sentado y su vientre me queda a la altura de los ojos, puedo oler su crema humectante, veo el fino vello alrededor de  su ombligo, veo una maraña de vellos a través de la tela. Entonces me doy cuenta de su expresión, creo que le ofende la manera en la que la miro, aunque ella está muy cerca,  “no olvides a lo que viniste” me dice, y no sé de qué me está hablando, aunque antes tampoco estaba seguro de lo que fuera  suceder ahora simplemente me encuentro perdido, no sé hacia dónde va a llevar todo esto y pienso en irme de ahí, pero ella se da la vuelta y busca detrás de uno de los muebles de la sala, saca de algún sitio el paquete que antes vi que recogió de la calle, lo pone sobre la mesa con delicadeza, como si en su interior algo frágil fuera a romperse con un movimiento brusco, y se va sin decir nada. Espere el tiempo necesario para saber que ella ya se había ido y me levanté para dirigirme a la puerta, no hay  nadie cerca, giro la manilla de la pesada puerta de madera, cuando  abro la puerta veo a esa mujer, la otra la mujer dos, que me apunta decididamente. Cierro los ojos en acto reflejo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Epistrofia 1

La mujer con la que siempre he fornicado en sueños aparece junto a mí mientras espero un taxi  en una calle poco transitada. Mira hacía la calle, me mira  a mí, como tratando de preguntarme “a quién se supone que esperas”. Se agacha y levanta del piso un paquete envuelto en papel de mensajería, cruza la calle hasta la acera de enfrente, avanza por los peldaños de una escalera y abre la puerta de una casa con fachada antigua. Antes de entrar, me mira de nuevo y deja el paquete en la entrada, entra en la casa sin cerrar la puerta y cuando aparece de nuevo trae consigo una cámara de video. Comienza a grabar mientras la veo, 2, 4, 7 minutos y apaga la cámara y entra en la casa y cierra la puerta. El paquete se queda en el mismo lugar. Aparece un taxi doblando la esquina, se detiene frente abre la puerta y me dice que está en servicio, entro, le digo que de la vuelta a la manzana luego que me deje en la casa de enfrente, 1119 es el número. Arranca, me lleva alrededor de la calle, no deja de sonreír, apenas y he hablado con él pero parece querer decirme algo, no deja de mirarme de reojo, doblamos la esquina donde antes me levantó y llegamos frente a la casa con el número indicado, ve el taxímetro, me ve, saco el dinero se lo doy y antes de bajarme del taxi me suelta “no soporto que me  mire en el espejo cuando se la estoy metiendo por el culo”, lo dice sin decírmelo a mí, o al menos eso finge hacer, parece que estuviera pensando en voz alta, como sea, salgo del taxi y lo escucho decir “que tenga buena noche caballero”. 

martes, 26 de octubre de 2010

Inicio

Nos separamos sin muchas discusiones, salvo el día en que dejamos el departamento y ella tomó todos sus libros para meterlos en una caja, y yo tome los míos para ponerlos en una maleta. Luego ninguno de los dos se decidía a llevarse el librero.

viernes, 22 de octubre de 2010

Cabeza de Mishima 1era. Parte

Bzzzzzzzzzzz escuchaba ese zumbido por toda la habitación. Amanecer. La penumbra desaparecía cortada por la decidida luz matinal que entraba por la ventana. El zumbido se intensificaba, lo que sea que fuere, parecía tenerlo pegado a la nuca. Me desperté. Angustia. Ella no pareció enterarse, seguía dormida dándome la espalda, la zarandeé un poco para que se despertara, la cambie de posición, giré su cuerpo para verle el rostro, entonces me di cuenta, tenía la boca llena de abejas y empezaban a salir más formando una nube a su alrededor. Después de un momento estaban por toda la habitación, para entonces el zumbido ya no me molestaba, me aterraba lo que estaba viendo.

Desperté sudando. Por segunda, o tercera vez, con dolor de cabeza, no quise pensar mucho en el sueño, pero tampoco pude volver a dormir, así que estuve caminando por la casa sin hacer nada en particular. Terminé encerrándome en el baño durante un par de horas. No podía dormir bien en una cama que no fuera la mía.


Desperté. Estaba en el cuarto de baño, tirado sobre el piso, junto a la puerta. Por la  ventana veía luz de mediodía, ¿o era más tarde? Salí del baño, ahí estaba ella, el calor había hecho que se descubriera el cuerpo, la sábana estaba a los píes de la cama, dormía boca abajo y podía ver su cuerpo desnudo, pálido, blando, sus vellos salían entre sus piernas donde terminaba la línea que separaba sus nalgas, me acerqué, y metí mi nariz ahí, olor a orina y sangre. Pensé primero en esperar a que ella despertara, pero recordé que no sabía cómo llegar a mi casa. Busqué entre las ropas, ahí estaba mi tarjeta, tenía la dirección, unos billetes y varias monedas, me despedí de… no recordaba su nombre, salí del departamento. Salí a la calle, estaba listo para recordar el nombre de la mujer con la que había pasado la noche contándole cosas fabulosas, y que en algún momento pensé nuca volver a ver después de esa noche, de cualquier forma tendría la memoria lo suficientemente erosionada para apenas recordar su cara, como en ese momento en que apenas recuerdaba su nombre, Ili… algo. Avanzo por la calle hasta la avenida, tomo un taxi, no recuerdo la tarifa, pero le doy la dirección. En el trayecto pienso muchas cosas pero no las diré ahora, las contaré más adelante, la verdad es que no las recuerdo bien. Así que llego a la dirección y trato de no mirar la casa que aún no reconozco, pago, busco el número, no tengo número, entonces miro el reverso de la tarjeta y ahí está el color, avanzo, qué color horrendo, ¿tendré mal gusto para los muebles también? Saco la llave, dolor de cabeza nuevamente, abro la puerta y me encuentro de lleno con esa mujer apuntándome.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Vida con Belisa Acto 1º

Belisa y yo estuvimos juntos por un tiempo, muy poco en realidad, no nos aguantamos por más de 3 semanas. Después se mudó con su  hermana menor, que vivía en el extremo opuesto de la ciudad y que junto con su novio, un músico, habían alquilado un pequeño y acogedor departamento meses atrás, fue entonces cuando les hicimos una visita y conocí mejor al novio. Le pregunté sobre unas grabaciones raras del Quinteto de  Miles Davis con John Coltrane en un concierto en Zurich, pero no le entusiasmaba mucho el jazz. Tenía una obsesión con los pies de las niñas. Bebimos, fumamos y luego tuvimos una orgía. Nos fuimos muy temprano cuando ellos todavía dormían, no sin antes darnos un atracón con un desayuno de ensalada y huevos tibios. Cuando bajábamos las escaleras del edificio vi que Belisa tenía una expresión de esas que mostraba justo antes de que las cosas se desmadraran; fruncía el ceño, entrecerraba los ojos y contestaba con movimientos de cabeza sin mirar a los ojos. Es un pendejo que usa a mi hermana, me soltó, a mí me parece un pervertido con mal gusto para la música, nada más, además no pensé que te desagradara tanto, anoche te vi muy a gusto, agregué, esperando que notara mi fina ironía. Pero me lanzó su mirada que atravesaba el blindaje de los autos, así que aproveche para abrir en ese momento la puerta del edificio, y ya cuando estábamos en la calle me dijo: eso es otra cosa.

Vida con Belisa Acto 2º

Clavaba un cuadro en la pared cuando Belisa entró en escena, unos 4 meses después de su desaparición. Cuando la vi a través de la ventana parada frente a mi puerta tuve unos minutos de confusión, ¿abro la puerta o me hago el muerto? Esas apariciones, por mis experiencias anteriores, no resultan gratas. Terminé por abrir la puerta y al momento Belisa se me echó encima, me dio un delicioso abrazo, sus pequeñas manos me acariciaron la cara y me planto un beso en la boca que me supo a crema de apio. Estás muy flaco, me dijo. Déjate de esas pendejadas le conteste, ¿por qué te quedaste con el dinero de la renta y te fuiste sin avisarme? le grité como si estuviera ofendido. Necesito que me ayudes, me contesto, haciendo caso omiso de lo que falsamente le reprochaba, me di cuenta que nos conocíamos mejor de lo que pensaba. Tienes que dejar que me quede aquí unos días, me dijo, me contuve por un momento, pero tenía el martillo en la mano todavía y quise utilizarlo para abrirle el cráneo, en el montón de cosas que debí decirle, lo que salió fue un ¿por qué? Me peleé con mi hermana, dijo y entonces me contó. Cuando se mudo con ella todo fue bien hasta que los menage trois se volvieron encuentros de dos, lo que fue visto como una infidelidad por parte de su hermana y como una acción que contravenía los principios de convivencia armoniosa que  habían fijado como pareja. Primero fueron problemas de su hermana con el músico luego fueron discusiones entre familia, finalmente Belisa y él se fueron juntos del departamento a la casa de un conocido mutuo. Pensé que le gustaban las muchachitas le dije intentando ser sarcástico, preparó la mirada mortal, pero recordó la razón que la llevó a la puerta de mi casa y cambió esa mirada por un ademán de indiferencia, caminó hasta el comedor, se sentó sobre la mesa y me miró de nuevo, entonces supe sus intenciones. Por qué en esos momentos las mujeres aparecen esperando mi ayuda, me pregunté, por qué me toca ser el que tiene aceptar todo, no esperan ellas que también me esté yendo muy mal, que puedo decir no, que puedo decir vas y chingas a tu madre, no me jodas con tus problemas. Entonces, se quitó la blusa y me dije, esto es demasiado, no voy a vivir de nuevo con esta mujer y tampoco caeré en su trampa, y entonces se quitó la falda, llevaba una tanga diminuta, si cabe la expresión, y asomaba por todos lados su  mata tupida y negra de vellos insidiosos, se los acarició con los dedos y no lo pude evitar, las mujeres con matas así entre las piernas hacen que retroceda en la escala evolutiva y sólo sigo el instinto de mi olfato, pude sentir su olor acre y vi como aparecían sus labios y su vulva entre tanto pelo, me volví un animal. Nos acoplamos, nos fundimos, nos terminamos, caímos aniquilados sobre las baldosas frías. Mañana traeré mis cosas me dijo mientras miraba al techo, por qué no intentas hablar con tu hermana, pregunté, no puedo, también le dije que le ayudaría a pagar los gastos del departamento mientras viviera con ella, y no pude pagarle, me contestó, ah, exclamé. Soy el caliente más estúpido de mi distrito postal, pensé. Dos días después estábamos juntos de nuevo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Mini historia finita

La Historia de dos puertas es directamente proporcional al número de veces en que son abiertas y/o cerradas.